jueves, 17 de mayo de 2012

Sexo y fóbal

Las mujeres no van a entender lo que significa el fútbol para los hombres hasta que ellos no aprendan a calcular el chorro de pis adentro del inodoro.

Srta Dipietro


Lo que parecía ser una tarde normal sin sobresaltos, se transformó en un debate sobre mujeres, sexo y fútbol.
El primero en llegar fue Pablo con sus pantalones del Tomba salpicados en lavandina, esos que su ex novia había manchado en un vago intento de no vérselos nunca más puestos. Luego de que sacara un litro de fernet de una bolsa ecológica y puteara cual Caruso Lombardi, por el increíble parecido de ferro a once doñas corriendo tras un ovillo de lana, suena el portero confirmando la llegada de Marcos. Su cara casi inexpresiva no se debía al cuelgue sustancias psicoactivas, sino a una discusión que había tenido con su esposa. Al parecer ella no entendía que en una balanza no se pueden medir cosas como ir a jugar un partidito con los pibes o visitar a su abuela y escucharla hablar por tres horas de su osteoporosis, mientras se pierde en la conversación (debido a su alzhéimer) y luego seguir escuchándola hablar de la osteoporosis. Por otra parte, turco, el tercero en llegar, solo se dedicó a escucharnos sin emitir comentarios mientras buscaba desesperado  las fechas del día, para sumar los puntos obtenidos en su equipo del Gran DT.

La charla venía bien hasta que una paja mental se coló en mi sinapsis y me hizo preguntarles si alguna vez habían fusionado el arte de garchar con el resumen de la fecha que conduce Martín Souto. Los tres contestaron casi en coro con otra pregunta, ¿Y vos?. Respondí que verdaderamente me excitaba demasiado la mezcla de hombre y fútbol. Ya sea en una cancha, con un chori en la mano y una coca desgasificada en la otra, o en una cama mientras el Tano Fassini relata un boca vs estudiantes. Luego de escuchar sus tristes anécdotas y opiniones del tema llegué a la conclusión que hoy en día, el viejo truco de: "pelar pija a ver  si chupar" ya no funciona entre tanta lectora de cosmoberreta suelta. Por tal motivo, he aquí, cuatro consejos infalibles para que tu novia, chonga o pareja acceda a la práctica del sexo oral.

Dos horas antes te clavas ocho horas de Inutilisima Satelital con ella en la cama. Seguramente vas a aprender sobre las mil virtudes de la goma eva, podar plantas, cocinar un matambre enlechado al roquefort y como hacer una lámpara con 232 colillas de cigarrillo. Justo cuando sabés que esta por empezar “Paso a Paso” te haces el choto y cambias de canal. Ella no va a decir nada, te lo aseguro, pero si puede que mire con cara extraña y abra los ojos como el dos de oro cuando le pongas tu mano en su nuca y le señales a tu “amiguito”. Su pensamiento será “pucha, lo hice ver todos mis programas favoritos…. lo único que puedo hacer es recompensarlo con unas cuantas arcadas”. Vos simplemente le ofreces a hacer otro tipo de manualidades explicándole que ahí abajo tenés una fábrica de plasticola.

Si es necesario te metes a internet y bajas el último disco de Dread Mar i. Lo sé muchachos, es vomitivo y mucho más escuchar al rasta hediondo difamar la palabra regaee, pero lamentablemente las minas lo aman. En dos horas te aprendes todas las letras, porque seguramente son todas iguales y hablan de lo mismo. Cuando ella llega le cantás (meneando la cabeza como un romanticón) la peor de todas, que indudablemente es la que a ella le encanta. Un ratito después la llevas de la mano al sillón y sintonizas el canal dieciocho (siempre con cara de amor profundo y esas cosas) ella, embobada de tanta cosa cursi, solita te va a ir desabrochando el pantalón. Cuando el asunto termine buscá en You Tube alguna canción de Flema para borrar de tu mente las secuelas que puedan haber quedado después de escuchar “tu sin mí” unas veinte veces. Te recomiendo el tema “mi suegra tiene menopausia” que sin lugar a dudas te va a sacar de un sopapo cualquier rasgo de meloso que te haya podido quedar. 

Cocinas unos langostinos a los siete quesos con verduritas al wok, compras un buen vino y le pedís a tu vecina piromaníaca unas cuantas velas para la ocasión. Llenas de esas mierdas la mesa y con unas flores que podés robar de algún cementerio, le haces un caminito hasta el control remoto. Cuando llega le decís “SORPRESAAA” y con cara de Roberto le mostrás todo lo que hiciste. Le inventás un chamuyo diciéndole que a las tres de la mañana estabas solito comprando velas en Wal-Mart y pensando en cada góndola que podías hacerle de comer, sin olvidar el detalle de lo que tanto te costó conseguir las orquídeas que  le gustan. No dudes en darle de comer en la boca, endulzarle el oído y emborracharla. Con tanto humo de velas, alcohol y comida afrodisíaca no te vas a dar ni cuenta como llegaste a ver el final de la Champions League con ella practicándote sexo oral.

Si es necesario la drogás. El dealer amigo siempre tiene algo con que sorprenderte a la hora de comprar estupefacientes. La sacás a dar una vuelta, pasas por un kiosco, le compras un Citric para que no crea que la querés embriagar y dar vuelta como una media; caminas un par de cuadras filosofando sobre la vida y justo cuando ella se para a mirar una vidriera aprovechás y mezclas el contenido alucinógeno (resguardado en el envoltorio de los puchos como un tesoro) con el brebaje sabor a naranja. Diez minutos más tardes la tenés cantando y bailando canciones de Jugate Conmigo en el banco de una plaza. Media hora después, cuando ya están en tu casa, recordás las palabras del puntero que decía: “lo único que puede pasar es que le dé un paro cardíaco o muchas ganas de comer algo dulce”. Una hora más tarde te encontrás sentado frente a la PC modificando los jugadores del Gran DT, intentando escribir en el celular DAME PIN al 66066 y ella comiéndote la supuesta "bananita dolca” que tenés adentro del bóxer.

Si después de poner en práctica estos útiles consejos, la muchacha no logra entender que el sexo y el fútbol son cosas que te apasionan, no te preocupes campeón, que en esta vida, chupa pijas sobran.



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