jueves, 24 de mayo de 2012

Noviembre me hace el amor

La primera apoyadita de este mes la experimenté el día en el que fui en busca del alimento para mis pulmones y el kiosquero me dio la noticia de su aumento. Sentí que la angustia me devoraba el alma, el mundo se empeñaba en hacerme entender que  tenía que dejar el cigarrillo, que su costo era el mismo que el de un litro de leche y tres tortitas o media bandejita de comida en los chinos, y que además de todo eso atentaba directamente contra mi salud. La penetración la padecí en el momento  que descubrí que la factura del gas y la luz hacían el el sesentainueve en mi buzón. Luego de estos episodios y de otro más que me niego a recordar, acabar mientras firmaba la renovación del alquiler resultaba ser una obviedad. Justo cuando pensaba  en sacrificar alimentos básicos, cultivar plantas de marihuana o cocinar metanfetaminas para luego venderlas en la sede de un centro para jubilados,  un par de recuerdos vagos vienen a mi memoria. Épocas en las que contaba con plata en mi billetera, con comida en la heladera, con shampoo de marcas prestigiosas para asear mi peluca y con unas curvas contorneadas que desaparecieron por la falta de comestibles o  por el incremento de paja en sangre que crea fallas en mi sistema motriz e impide, casi por completo, algún tipo de relación entre mis manos y el artefacto de cuatro hornallas. Claramente esto sucedía cuando vivía con mi familia y no tenía que decidir entre comprar un pase para un recital, pagar la boleta del gas o pensar seriamente en empeñar el poto para llegar a fin de mes.


Dejar de ser un ocupa en la casa de tus viejos para convertirte en un indigente con casa propia es un mal necesario. Por eso mismo en los siguientes párrafos pretenderé plasmar los pro (con esta palabra espero no dañar los sentimientos políticos de ningún oficialista) y los contra de vivir solo, intentando  animar y desmotivar al mismo tiempo a todos aquellos que todavía no llegan a ese punto en sus vidas.

*Llegás a tu casa, abrís la puerta y te encontrás con el descajete total;  cerras la puerta, mirás el desorden por unos tres minutos más mientras una tuca olvidada en el cenicero se transforma en un pasaporte a la felicidad y te obliga a compartir esa alegría con un disco de Ilia Kuryaki. En media hora lo único que ha cambiado es tu posición, antes estabas sentado fumando, ahora estás parado en la silla bailando como un idiota e intentando mantener el equilibrio al compás de la música. Cuatro horas más tarde, cuando la culpa está a punto de acecharte, corrés como un tigre al dormitorio sin prender la luz, para no ver el quilombo que es tu habitación, y te concentrás en el mundo perfecto e imaginario que todos creamos antes de dormir.

*Los platos sucios se lavan solo cuando las ganas lo permiten, también en ocasiones de extrema vergüenza o cuando ya no hay en que depositar los aliementos. Por otra parte, la taza que se usa para desayunar se reutiliza al día siguiente y el café que queda en el fondo también.

*Sos dueño de transformarte en un zombie y quedarte colgado por horas, de charlar con los objetos de decoración, de debatir con los panelista de 678 a los gritos, de imaginar que el aparato que despide perfume en el comedor es un gato que ronronea, de hacer pichí con la puerta abierta, de masturbarte en la cocina mientras hierve el agua para los fideos, de pasearte totalmente en bolas por toda la casa y de cantar sin que nadie te diga que lo haces como el orto.

*Cuidás mucho más la limpieza de tu ropa, por lo tanto una manchita insignificante que antes era motivo para colocarla en el tacho de la ropa sucia ahora es objeto de decoración de alguna prenda. Lo que ya está muy manchado se utiliza como pijama en el invierno.

*Las reglas las ponés vos. Nada de salpicar el espejo con agua,  el toallón es exclusivamente de uso personal,  está totalmente prohibido intentar reproducir un video de Arjona o algún romanticón que se le parezca, la cama es tendida por la última persona que dejó la casa, las drogas se cortan con la tijera de las drogas y no con la que se cortan las uñas. Si alguna persona objeta sobre la temperatura del ambiente, el olorcito a pucho, o lo caliente que sale el agua de la ducha, que la siga fumando, ya que es un huésped y su opinión no importa.

*La palabra lavarropas la repetís unas cincuenta veces al día, siempre acompañado de un “que cagada que no tengo”. Será tu karma constante hasta que puedas simular un casamiento y pongas una lista de regalos en Garbapito. No hay excusas válidas para llevar la ropa sucia a tu EX casa. La ropita se lava a MANO, lamentablemente ese bello  electrodoméstico de carga frontal ubicado en el domicilio ajeno ya no te pertenece.

 *Vas de visita a la casa de tu madre para experimentar  aunque sea una vez a la semana el gustito a comida casera. Previamente practicás  el uso de los cubiertos y te adiestras para comer vestido y sentado en una mesa. Cabe aclarar que la sensación de comer con mantel e individuales,  de beber  en un vaso y no del pico de la botella y sobre todo de no tener un teclado lleno de migas al lado del plato es muy extraña.

*Tus amigos abusan del hecho que vivas solo, por eso mismo tu casa siempre es el hostel más cercano, el lugar perfecto para juntarse a tomar algo, el punto justo para que todos se encuentren y por qué no, el sitio indicado para desordenar y hacer quilombo también. Misteriosamente ellos saben dónde se encuentra el destapador de bebidas y las reservas de alimentos pero no el lugar donde está la esponja para lavar los platos y el lampazo para limpiar el piso.

*El  miedo hace que el tracto urinario se te afloje cada vez que llegás al supermercado. Sacrificas la calidad, que antes era una prioridad, para sucumbirte en el mundo de los fideos de promoción, del azúcar que no endulza, del shampoo que te deja el pelo duro, del papel higiénico gris y de las galletas  con gusto a cartón corrugado. La carne solo la ves en los asados del domingo o en el Cuarto de Libra de Mc Donald´s, casi nunca en tu heladera.

 De todas maneras vivir solo es un verdadero privilegio.  Poder  tener tus cosas, tu casa, ser el dueño absoluto de tus mugres, de las plaga de hormigas en la cocina, del desastre organizado en general crea una cierta satisfacción que solo los que tienen su propio hogar pueden entender.
Noviembre me hizo, me hace y me seguirá haciendo el amor, pero estoy segura de que a diciembre me lo cojo yo.

2 comentarios:

  1. jajajajaj... me estarían pasando todas, y para que veas que es verdad hace unos días escribía esto:

    http://www.elmendolotudo.com.ar/2012/06/06/40-cosas-que-debes-saber-antes-de-irte-a-vivir-solo/

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  2. Como dije antes: "dejar de ser un ocupa en la casa de tus viejos, para convertirte en un indigente con casa propia, es un mal NECESARIO"
    ¡Qué feo es crecer, por la concha de la oveja!

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